Saluda del Rector 2017-12-08T11:45:48+00:00

Saluda del rector

Este verano, sentado a las sombra, en el jardín de casa de mis padres, me sorprendía ver como mi sobrina Olivia es, en gestos y expresiones, y con tan solo tres años, igual que su madre, mi hermana María. Pero a la vez, me doy cuenta de que mi hermana, conforme pasan los años, se parece más a mi madre. Supongo que es algo que nos ocurre a todos con el tiempo.

Pensaba en esto, cuando una persona me ha comentado que había faltado algún domingo a Misa allí donde veraneaba. Que la parroquia no tenía aire acondicionado, que estaba un poco lejos. ¿A qué no pasa nada? Suspiro.

Cuando llega un domingo, aunque sea solo uno al año, y ponemos alguna excusa para no asistir a la Santa Misa, ¿qué es lo que estamos transmitiendo a esos niños, que como esponjas absorben todo lo que ven y oyen?

Que Dios es importante, pero no tan importante. Si Dios me encaja, bien, magnífico, pero solo si me conviene. El fútbol, dormir o. . .son más importantes.

Que Dios no quiere realmente decir lo que dice. Si, santificar las fiestas es un mandamiento de la Ley de Dios, pero… Dios no entiende lo atareado o cansado que estoy, los hijos que tengo…así que soy yo quien decide lo que El quiere decir con ese mandamiento. Sigo los que me convienen. Tampoco la Iglesia se entera de lo que está pidiendo.

Que la Misa va solo de mí y de lo que yo saco de ella. Cuando vamos o venimos de Misa según nuestro capricho, parece que olvidamos que asistir a Misa construye la comunidad eclesial, y pasamos de nuestros vecinos, amigos y de sus necesidades.

Que cuando las cosas son difíciles o aburridas, no tengo que hacerlas. Estamos diciendo que no asistimos porque es “aburrida” o “no saco nada de ella”, así que los niños aprenden que solo tenemos que hacer las cosas divertidas y emocionantes. Esto no es verdad ni en lo concerniente a la fe ni en lo que concierne a la vida diaria.

Que de hecho dudamos de la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y de las gracias que recibimos comulgando. Si verdaderamente crees que está presente, que es la renovación del sacrificio de la Cruz, ¿cómo ibas a faltar? ¿Cómo no ibas a querer recibir este increíble regalo?

Tengo cinco hermanos, y entiendo que llevar a los niños a la iglesia es como participar en un torneo de lucha. Por mucho que uno lo planifique o prepare…y muchos días los niños se comportan de todo menos como ángeles. Es una batalla, pero una batalla que vale la pena librar. Esta Fiesta de la Vila, tan eucarística, puede ser un buen momento para que reavivemos el modo de vivir la Santa Misa, ya no solo individualmente, sino como familia. De poner a los niños a los pies de Jesús. De enseñarles que a Dios lo ponemos, que está, en primer lugar, en el centro, sea lo que sea que está pasando en nuestra vida. Y las bendiciones, la gracia, la notará toda la familia que asiste, que reza unida.

Monssén Ignasi del Villar i Santaella
Párroco de la Sagrada Familia de La Vilavella